Mentir. Joseph Goldstein.

 

 

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Mentir es uno de los actos verbales poco favorable. Existen muchas clases de discurso falso, desde ligeras exageraciones y mentiras chistosas a falsedades cuyo proposito es la autoprotección o la proteccion de los demás, hasta llegar a mentiras deliberadas que se expresan con un propósito malicioso y que producen divisiones y daño.

Un relato de una persona que llevaba a cabo un retiro en la Inside Meditation Society revela lo fácil que es caer en los hábitos de la falsedad a causa de la verguenza y la autoprotección. A última hora de la tarde, una persona del equipo se dirigió  a la nevera para coger algo de comida. se encontró a un meditador con la mano metida en la caja de dátiles.

             “¿Puedo ayudarte?” Preguntó ella educadamente.
             “No”, contestó. “Estoy buscando a la persona de mantenimiento”.

¿Por qué mentir? ¿Se trata de avaricia, o deseo de autoengrandecimiento, miedo a ser rechazado, o celos? A parte del daño evidente que producimos al ser deshonestos, nuestras mentiras constituyen también un flaco servicio a los demás, puesto que erosionan su capacidad para confiar en sí mismos. Pueden tener la sensación de que hay algo equivocado en lo que decimos, pero empiezan a dudar de sus propias percepciones a causa de nuestra poca disposición a ser sinceros.

Cuando investigamos los motivos que hay detrás de nuestras palabras, aclaramos en gran medida los profundos patrones de nuestro condicionamiento. Esta consciencia nos proporciona elespacio para tomar decisiones sabias y valientes.

Joseph Goldstein.

 

 

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Duda. Joseph Goldstein.

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Para que la fe esté enraizada en la realidad de nuestra experiencia, debe estar tambien abierta a incluir lo que el especialista en budismo, escritor y maestro Stephen Batchellor, llama la “fe de la duda”. Si utilizamos la fe para empujar la duda a un lado, construimos un muro defensivo para alejar cualquier pregunta inquietante, para no tener que reconocer  nustros miedos e incertidumbres. La globalidad de la fe nos permite estar con todo y cualquier otra dificultad que surja. Admitiendo habilmente la duda, reforzamos la fe.

La duda constituye el complejo estado mental de la perplejidad. Es como encontrarse ante un cruce y no saber que camino tomar. Oscilamos entre las alternativas y, al final, nos paramos indecisos. Cuando la duda nos supera, no podemos movernos. Ni siquiera tenemos la oportunidad de equivocarnos y aprender de nuestros errores.

Casi todas las tradiciones espirituales nos hablan de la dificultad de este estado y de lo común que es en diferentes períodos de nuestro camino. La duda puede adoptar muchas formas. A veces es una duda sobre nosotros mismos, acerca de nuestra capacidad de practicar y seguir el camino. Es la voz que dice “No puedo hacer esto. Es demasiado dificil. Tal vez en otra ocasión”. Puede tratarse de una duda acerca de nuestros Maestros, cuando empezamos a ver sus faltas y limitaciones. Puede ser una duda sobre nuestro camino “¿Qué sentido tiene estar sentado observando mi respiración o cualquiera que sea la práctica que estamos haciendo? Realmente, es inútil”.

La duda es muy seductora, puesto que aparece disfrazada de sabiduría. Escuchamos en nuestras mentes estas voces, que parecen sabias, tratando de resolver los dilemas, las dificultades y paradojas de nuestra experiencia por el método de pensar en ellas. Pero el pensamiento  no puede llevarnos muy lejos. Es como intentar conocer la experiencia de la música mediante un libro o el sabor de una buena comida leyendo el menú. Necesitamos otro modo de comprender la naturaleza de la duda para poder apreciar todos sus aspectos.

El primer paso es reconocer cuándo está presente la mente que duda y tras reconocerlo, familiarizarse con sus distinas voces. Si nos hacemos conscientes de dichas voces como si fueran cintas mentales -simplemente como pensamientos en la mente- es menos probables que quedemos atrapados en su contenido. En dicho instante, dejamos de darles poder. “No puedo hacer esto” se convierte en otro pensamiento. Podemos hacer, entonces, que la sabiduría entre en el proceso de la duda misma, al darnos cuenta de cómo nos aleja de la experiencia directa del momento.

En 1985, estaba en un retiro de meditación en Nepal con Sayadaw U Pandita. Vivíamos en un lugar atestado y practicabamos en lo que considero eran circunstancias muy alejadas de las ideales. Cinco de nosotros compartíamos un suelo de cemento en una habitación pegada a una letrina. Mientras llevaba a cabo mi meditación caminando , mi mente se distraía con todo tipo de juicios a cerca de los demás y luego se llenaba de dudas sobre mí mismo, todo lo cual parecía totalmente justificado.

Cuando informé de mi experiencia a Sayadaw, me aconsejó “Estáte más atento” . En un primer momento pensé ¡Vaya gran ayuda! Pero luego decidí que podía intentar seguir su consejo. Empecé a prestar una atención mayor a los movimientos del caminar, a las sensaciones que experimentaba. Sorprendentemente, la mente se calmó enseguida; al prestar una gran atención al cuerpo, no quedaba mucho espacio para los juicios y las dudas. E, incluso cuando surgían, no me veía arrastrado por ellos. A menudo, la instrucción más sencilla señala a una comprensión básica de cómo funciona la mente.

Sin embargo, en ocasiones, cuando tenemos preguntas acuciantes o dudas en nuestras mentes, la clarificación intelectual puede ser de gran ayuda. Las enseñanzas de Buda son maravillosamente claras y pragmáticas. A menudo decía que sólo enseñaba una cosa: el sufrimiento y su fin. En cierto nivel, podemos pensar en el Dharma como en un profundo sentido común  que ilumina las verdades evidentes que, tal vez, se hayan visto oscurecidas por la confusión de nuestras mentes. Al final de muchas de sus enseñanzas, la gente contestaba a Buda con este refrán “Magnifico, Maestro Gotama. El Maestro Gotama ha clarificado el Dharma de muchas formas, como si estuviera dando la vuelta a lo que estaba al revés, revelando lo oculto, enseñando el camino a aquél que está perdido o manteniendo una luz en la oscuridad para quienes pueden verla”.

En otros niveles, Buda analizó la verdad del sufrimiento y la verdad de su fin con gran precisión y sutileza. en el corazón de sus enseñanzas está el principio del origen dependiente: a causa de esto, surge aquello; cuando cesa esto, aquello cesa también. La ley del origen dependiente es básica para comprender no sólo el surgir de nuestro precioso nacimiento humano, sino también el proceso de despliegue de la vida mísma, con todos sus dolores y belleza. La fe es el vínculo que transforma nuestra experiencia del sufrimiento en un vehículo para el despertar: la fe nos permite contemplar el sufrimiento como condicieón necesaria para la liberación.

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Todos hemos nacido; todos experimentamos sufrimiento. Cuando la fe nace del sufrimiento, en lugar de la desesperación y de la confusión pone en marcha una cadena  de manifestaciones dependientes que conducen, mediante muchos tipos de felicidad, hasta la liberación final. Existen numerosas historias, desde la epoca de Buda hasta la acutalidad, que ilustran esta posibilidad. Particularmente conmovedoras son algunas de las historias explicadas por por las monjas que practicaban en la época de Buda y que hablan de sus dificultades iniciales y de su iluminación definitiva. En Las canciones de las hermanas, una monja anónima describía su lucha y su fe “Han pasado 25 años desde que arranqué con decisión. Ni siquiera por la duración de un chasquido de dedos he conseguido una mente serena…Dominada por el deseo de placeres sensuales, clamando clamando con los brazos abiertos, entré en el monasterio”. Pasa entonces a explicar cómo escuchó las enseñanzas, se sentó y alcanzó la meta superior.

La cualidad de la fe que sostuvo la práctica de esta monja a lo largo de veinticinco años de dificultades es una guía que nos conduce incluso hasta la budeidad. En uno de los Suttas, Buda se equipara a un buen pastor que conduce a un rebaño a través del vado de un río. En primer lugar, cruzan sin dificultad los toros fuertes y las vacas desarrolladas. Luego, cruzan los terneros y el ganado más joven, con cierta torpeza. Finalmente, incluso los recién nacidos cruzan con seguridad a la otra orilla, simplemente siguiendo los débiles sonidos de las madres. Estos terneros recién nacidos representan a aquellos que simplemente tienen fe: en el despertar de Buda, la posibilidad de la iluminación; en el Dharma, la vía de nuestra propia liberación; y en la Shanga, aquellos que se han liberado a sí mismos. Mediante el despertar de la fe, poseemos la energía para vadear los ríos de la duda y para alinear nuestras vidas con nuestras más elevadas aspiraciones.

Joseph Goldstein.

 

 

Gestalt Viva. Claudio Naranjo.

 

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Así como en la psicoterapia individual no basta la confrontación, sino que se requiere la comprensión cabal de las actitudes enfermas, y esto a su vez conlleva entender sus orígenes en la situación familiar infantil, de modo semejante la corrección de  una patología social requiere no solo la crítica sino también de una comprensión sanadora de los verdaderos orígenes personales y familiares de errores y actitudes aberrantes.

… afirmé que lo más importante de la terapia gestalt es la transmisión de una filosofía implícita de la vida; y que esta, por haber sido vivenciada más que pensada por el terapeuta a través de su propio proceso terapéutico y de formación, adquiere cierta capacidad de contagiar salud.

…llamé la atención sobre el carácter eminentemente relacional o dialógico que revela la gestalt en el mejor de los casos, y que la hace diferente de aquellas terapias estratégicas en las que un profesional simplemente usa su ingenio en la aplicación de ideas y técnicas. Sin embargo no dejé de abordar el aspecto estratégico  de la gestalt…

Terapia gestáltica es una expresión que hace referencia al método terapéutico y procedimientos desarrollados por el Dr. Frederick Perls. Esta práctica, llevada adelante por sus discípulos en diversas partes de los EE.UU, ha sido fragmentariamente descrita en sus libros y es esencialmente una forma de psiquiatría existencial que se caracteriza por la relevancia de las concepciones holística y gestáltica, así como por muchas nociones derivadas de la teoría psicoanalítica. Su nexo más específico con la terapia psicoanalítica está en su interés en el lenguaje del cuerpo. En esto, Perls ha expresado su deuda con Wilhem Reich. La peculiaridad de la terapia gestáltica no yace sin embargo en una teoría  de la personalidad, en una teoría de la neurosis ni en teoría alguna. Consiste en una creación no verbal; una manera de acercamiento a la gente en la situación terapéutica que se ha desarrollado a partir de una comprensión, experiencia e intuición, que siguen siendo transmitidas en forma no verbal.

Creo que la esencia de la terapia es, más que la aplicación de ideas, un hecho viviente que se debe explicar a posteriori, y que la terapia gestáltica no es una excepción a esto. Veo una unidad entre sus diferentes recursos, y puedo también explayarme sobre sus porqués, pero otra persona podría mirar a los mismos hechos desde otro punto de vista y a partir de otro modelo conceptual.

Las técnicas de la terapia gestáltica pueden muy bien ser concebidas como ejercicios para el uso del individuo, y es en este contexto que Perls ha descrito muchas de ellas en sus libros. Cuando describe la concentración sobre el comer, o deshacer las retroflexiones, o practicar la concentración en el cuerpo, sentir el presente, tomar conciencia de las fuerzas opuestas, etc., se dirige al lector y no al terapeuta, dando a entender que cualquiera puede experimentar  con tales procedimientos.

El fin inmediato de la terapia gestáltica es el reestablecimiento del awareness, esa palabra que en castellano no existe y es la más importante de todas en el vocabulario del budismo. “Restablecimiento de la atención”, o “de la capacidad vivencial”, digamos, aunque awareness se ha traducido en castellano usualmente como “darse cuenta” . El fin ultimo de la gestalt, en cambio, es el restablecimiento de las funciones del organismo y la personalidad, que llevan al individuo a su condición completa y a la expresión plena de sus potencialidades.

Es un presupuesto de la terapia gestalt el que la consciencia por sí misma acarrea desarrollo y cambio, de manera semejante a como es un concepto aceptado en la psicología profunda que la esencia de la cura yace en el proceso de hacer consciente el inconsciente. El énfasis  de la terapia gestáltica en el awareness más que en la toma de consciencia o en la comprensión apunta a la importancia del contacto que sugiere este término con el proceso inmediato de aquí y ahora, apuntando hacia la base sensorial y emocional del mismo. De acuerdo con esto la intervención del terapeuta es esencialmente no interpretativa, y se dirige al despertar del darse cuenta del paciente, de lo que está haciendo y sintiendo. El énfasis no recae, entonces, en explicar su comportamiento o comprender sus porqués, sino en percibir el cómo de su experiencia. Esta toma de consciencia por sí misma lleva a nuevas experiencias y a nuevos retos.

Claudio Naranjo.

Qué es la conciencia. Joseph Goldstein.

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La conciencia es la capacidad de conocimiento de la mente. “Conocimiento” no se refiere al conocimiento que adquirimos sobre algo, como aprender a conducir un coche o hacer un curso de química, sino más bien al conocimiento directo e inmediato del objeto mismoconocer un signo, un sonido, un pensamiento. Podemos oír un sonido y luego pensar “pájaro”. Los primeros momentos de consciencia serían el conocimiento del sonido, seguidos por los momentos de conocer el pensamiento. Los momentos de consciencia se ven ocasionalmente ensombrecidos por el factor mental de la ilusión, que se caracteriza por la fijación, contracción, apego o resistencia: no ver las cosas tal como son. A esta ilusión de la mente la llamamos “ignorancia”. A veces la conciencia está libre de apegos, libre de ilusiónes. A esta mente sabia la llamo “consciencia o darse cuenta”.

La mayoría de nosotros estamos familiarizados con experiencias en que las que la  mente se ve nublada por la ignorancia. Esto sucede cuando nos vemos atrapados por el deseo, el apego, el  miedo o la aversión; cuando nos perdemos en los pensamientos sobre el pasado o el futuro. Es como si nuestra experiencia de las sensaciones, pensamientos y emociones se presentara con tiras de velcro, siendo la ilusión el anzuelo de velcro; cuando se presenta la ilusión, nos enganchamos.

 Es básico que nos demos cuenta de la contracción que experimenta la mente cuando aparecen esos estados ilusorios, porque cada uno de esos momentos  es realmente un momento de sufrimiento.

Aunque la ilusión es un hábito pertinaz, las buenas noticias son que no es intrínseca a la mente mísma. Todas las contaminaciones mentales son visitantes. Puede que aparezcan con frecuencia, pero también existen momentos libres de ilusión. Es útil comprender y reconocer estos  momentos, puesto que con tanta más facilidad recconocemos la mente  sabia, más fácil es volver a ella. 

Joseph Goldstein.

Relaciones y autoregulación. Francisco Sanchez Gavete

 

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Al comienzo del apartado anterior me he referido al vínculo, tomando, para definirlo, las referencias que normalmente usamos en contextos de Terapia Gestalt. Me he referido a el en la forma como se presenta entre las personas con regulación y auto-apoyo suficientes. ¿Qué pasa, entonces, con la forma en que se vincula el neurótico, quien por definición, interfiere su propia regulación y carece de suficiente auto-apoyo? 

Como bien  explican Lewis, Amini y Lannon  en “Una teoría general del amor” la autorregulación comienza siendo etero-regulación. La regulación se produce, al principio, en circuito abierto, en contacto con la madre y otras figuras emocionalmente próximas. Poco a poco van acabando de formarse y consolidarse los circuitos internos, y el sujeto va haciéndose capaz de regulación autónoma. Dicho de otra forma: a lo largo de la evolución  personal se progresa desde la hetero-nomía hacia la autonomía.

Según las situaciones y las circunstancias hay mayor o menor probabilidad que en este proceso hayan quedado gestalts inconclusas, de mayor o menor calado. En palabras de los autores que estoy comentando: circuitos internos que no acabaron de cerrarse, o que se cerraron de modo deficiente, “en falso”, por así decirlo.

Así el adulto no ha llegado a ser completamente autónomo, pero goza de un grado suficiente de autonomía para caminar por la vida de modo más o menos satisfactorio.

¿Qué ocurre cuando este adulto establece una relación que se va haciendo cada vez más estrecha e íntima? Que, a medida que se van abriendo gestalts, aumenta la posibilidad de que se reactive alguna vieja gestalt inconclusa. En el lenguaje de los autores que comento, aumenta la probabilidad de que se active un circuito de regulación que no terminó de cerrarse bien internamente. Entonces este adulto adopta comportamientos infantiles ( técnicamente se suelen llamar “regresivos” ) y se pone tremendamente dependiente.

Suele ocurrir, típicamente, en las relaciones de pareja, de las que se dice que activan sentimientos o posiciones regresivas, “no puedo vivir sin ti”, suele ser su expresión más frecuente.

Suele ocurrir en las relaciones de pareja…y en la relación terapéutica, en la medida en la que se van abordando asuntos íntimos.

El primer paso, en el terreno estrictamente terapéutico, es el de reconocer la necesidad insatisfecha y completar la gestalt correspondiente. Pero cerrar una gestalt antigua en un adulto no es tan sencillo, de la misma manera que un adulto puede aprender un idioma extranjero pero jamás lo dominará tan bien como aquel o aquellos que aprendió cuando era niño.

La vía de la satisfacción, al menos momentánea, es necesaria, para que el cliente se haga cargo de lo que le pasa, pero no es posible estar esperando la satisfacción indefinidamente. De forma paradójica, la resolución no viene en estos casos por la vía de la satisfacción sino por la vía de la renuncia. Lo que no fue no fue, no tiene vuelta para atrás posible, y de lo que se trata es de aprender a vivir con ello.

Francisco Sánchez Gavete

Impermanencia II. Al observar, vemos que todo va desapareciendo continuamente y van emergiendo cosas nuevas; no solo cada día y a cada hora sino en cada instante. Joseph Goldstein.

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La visión interior profunda y liberadora surge tanto de una observación clara y honda de la impermanencia a niveles momentáneos como de una sabia consideración de lo que ya sabemos. Como modo de practicar dicha observación, la próxima vez que demos un paseo, prestemos atención a los movimientos de nuestro cuerpo y a las cosas que veamos, oigamos o pensemos. Observemos qué les sucede a todas estas experiencias mientras proseguimos nuestro camino. ¿Qué les sucede? ¿Donde están? Al observar, vemos que todo va desapareciendo continuamente y van emergiendo cosas nuevas; no solo cada día y a cada hora sino en cada instante. Ello es tan corriente, que prácticamente hemos dejado de prestarle atención. Al no prestar atención, perdemos la oportunidad de ver directamente y profundamente, cada día y en cada momento, la naturaleza cambiante de nuestras vidas. Perdemos la oportunidad de practicar “la mente de soltar”. Si soltamos poco, tendremos poca paz. Si soltamos mucho tendremos mucha paz. Si soltamos del todo, tendremos una paz completa. Nuestra lucha en el mundo finalizará algún día”. Además de darnos cuenta de la naturaleza del cambio, momento a momento, cuidadosas reflexiones sobre los tres aspectos  evidentes y universales de la impermanencia pueden hacer también que nos desprendamos de la complacencia  de nuestros hábitos y patrones profundamente enraizados.

Un primer paso a considerar es que el fin del nacimiento es la muerte. A medida que pasa el tiempo, nuestras vidas se van haciendo más  cortas. la vida siempre se va gastando. Pero nuestra conciencia de la muerte a menudo parece limitarse a los demás; siempre parece que sean los demás los que mueren. No consideramos muy a menudo la realidad de nuestra propia muerte o de la gente próxima a nosotros. Como experiemento, imaginemonos en el lecho de muerte recordando nuestra vida. Imaginémoslo con el mayor realismo posible. ¿A  qué nos apegamos más? ¿Que hubieras deseado hacer en la vida? ¿Qué eslo más valioso para nosotros en estos momentos de agonía? El gran secreto, evidentemente, es hacerse estas preguntas ahora, cuando todavía tenemos tiempo de hacer elecciones creativas y significativas. A medida que reflexionamos sobre la muerte, esta gran verdad del cambio ¿Dónde la dejamos? ¿Nos asusta? ¿Nos inspira?

En The Day of Henry Thoreau, Walter Harding escribe sobre los ultimos días de Thoreau. Se trata de un sorprendente relato de alguien que comprendió no solo la gran maravilla del mundo natural que le rodeaba, sino también la completa naturalidad de su propia muerte. Harding cita a Sofía Alcott, una amiga que visitó a Thoreau en esa época:

        Henri  no estuvo nunca afectado, nunca fue alcanzado por su enfermedad. Nunca antes había visto una manifestación tal del poder del espíritu sobre la materia. Muy a menudo le oía decir a las visitas que disfrutaba de su existencia tanto como antes. Me señaló que había tanta comodidad en la enfermedad perfecta como en la salud perfecta, con la mente ajustandose siempre a la condición del cuerpo. El pensamiento de la muerte, decía, no podía trastornarle…

        Un amigo, a guisa de consolación, le dijo: “Bien, señor Thoureau, todos tenemos que irnos”. Henry replicó: “Cuando era  niño aprendí que tenía que morir, me quedó claro, por lo que obviamente ahora no estoy decepcionado. La muerte está tan cerca de usted como de mi”.

Harding sigue escribiendo: “Alguno de sus amigos y familiares más ortodoxos intentaron prepararlo para la muerte, pero sin mucho éxito…Cuando su tía Louisa le preguntó si estaba en paz con Dios, respondió: “Tía, no tengo noticia de que nos hayamos peleado”.

Un segundo aspecto de la impermanencia es que el fin de la acumulación es la dispersión. Todas las cosas que acumulamos en nuestras vidas, inevitablemente se dispersan. O bien perdemos interés en ellas (como suele ocurrir a menudo), o se rompen, o permanecen en el rincón de algún armario hasta que nos mudamos o morimos. Pero la tendencia a la acumulación es muy fuerte. De algún modo,  nuestras casas están  repletas de cosas, hasta el punto que limpiar un armario puede ser una gran fuente de satisfacción.

En un maravilloso video documental de Mickey Lemle sobre la vida de Sir Laurens Van der Post, se muestra un sorprendente contraste entre los bosquimanos de Sudafrica y los europeos que los filman. Sir Laurens, que admiraba y amaba claramente la sorprendente armonía en que vivían los bosquimanos en el mundo natural, les preguntó qué tiempo les llevaría prepararse para un viaje. Replicaron : “Un minuto”. La pelicula los mostraba recogiendo sus pocos bártulos de supervivencia y caminando hasta el desierto. Por contraste, mientras el equipo de filmación se preparaba, se preparaba, se observaba como pasaban una eternidad cargando el jeep con toda la parafernalia típica del aventurero occidental. Lo que estamos sugiriendo no es que luchemos para vivir con tanta sencillez como los bosquimanos -aunque la sencillez de su modo de vida recuerda a los monjes vagabundos y ascetas de Asia- sino más bien, que consideremos nuestros hábitos y la necesidad de acumular y de apegarse a las cosas a la luz de la comprensión que todos adquirimos  de que finalmente se dispersarán.

¿Por qué dedicamos tanta energía a la adquisición? Puede que haya mucho trasfondo psicológico en este comportamiento y tal vez podamos verlo como un acto de compensación , a veces compulsivo, de alguna carencia profunda. Pero también podemos comprender la fuerza que hay tras este hábito de acumulación de un modo más simple: como la honda influencia que nuestra sociedad de consumo tiene en nuestras mentes. Ésta refuerza continuamente deseos y anhelos, en ocasiones parasitando valores espirituales para tal fin. Un reciente anuncio de coches muestra a una atractiva pareja de jóvenes frente a su nuevo coche, rodeados de los últimos deleites del consumo. El texto reza: “Para convertirte en uno con todo, necesitas uno de cada cosa”.

Al haber sido tan condicionados por la idea de que la posesión trae la satisfacción, en nuestras vidas ordinarias no tenemos muchas oportunidades de experimentar la comodidad de unavida relativamente simple. Esto puede explicar el creciente interés no sólo hacia los retiros de meditación de cualquier clase, sino también hacia las actividades en contacto con la naturaleza. En esos momentos escogemos conscientemente una simplicidad voluntaria en nuestras vidas que ilumina una verdad básica y transformadora: que la felicidad no depende de lo mucho que poseamos,  a pesar de lo que puedan decir los anuncios.

La impermanencia se observa también en el hecho de que el fin del encuentro es la separación.Nuestros encuentros de unoscon otros son como un mezclarse en sueños. Pero, a veces, nos vemos tan atrapados  en nuestras relaciones, que la separación de un tipo u otro se convierte en una fuente de una pena abrumadora. Buda proporcionó un sorprendente ejemplo de ello cuando dijo que, en el curso de innumerables vidas, cada uno de nosotros había vertido más lágrimas por la muerte de seres queridos que todas las aguas de los océanos. Aunque los sentimientos de pérdida y de pena son algo natural para la mayoría de nosotros, cuanto más consideremos y aceptemos la verdad de que todos los encuentros acabarán en separación, menos probabilidades tendremos de ahogarnos en dichas aguas.

Podemos empezar experimentando la diferencia entre amor y apego, entre pérdida y pena. El amor es una generosidad del corazón que simplemente desea la felicidad de los demás; el apego es una contracción del corazón, nacida del deseo, cuyo resultado es la fijación y el temor a la pérdida. Reflexionar sobre la inevitable impermanencia de nuestras relaciones nos vuelve a orientar hacia el cuidado y el cariño más que hacia el apego, permitiendonos soltar en lugar de aferrarnos. La comprensión de la impermanencia nos guía hacia la experiencia de la libertad porque, en estos momentos de no-apego, podemos apreciar y saborear realmente lo que tiene verdadero valor en nuestras vidas.

Joseph Goldstein.